Los faros de Menorca

Farola de Punta Nati (Foto: Jordi Saragossa).

Favàritx, Cavalleria, Punta Nati, Artrutx e Illa de l’Aire son los cinco vértices del pentágono imaginario que dibuja Menorca sobre el mapa. Sendos faros alertan a los navegantes y guían a los marineros desde hace siglo y medio. Hoy en día son los hitos más icónicos de Camí de Cavalls 360º y protagonizan algunas de las fotografías imprescindibles de la isla. Situados en medio de parajes encantadores, sus esbeltas figuras esconden historias y anécdotas.

Menorca tiene un gran potencial para los amantes del turismo temático. Calas y playas maravillosas, yacimientos arqueológicos bien preservados, ejemplos de artesanía y cultura viva, torres defensivas y de vigilancia, formaciones geológicas sorprendentes y variadas… y los faros. Ya sea caminando o pedaleando, los faros de Menorca forman parte del hilo argumental de Camí de Cavalls 360º.

Far de Favàritx

El entorno agreste y duro del Cap de Favàritx alberga este faro, que marca el límite nororiental de la isla. Se construyó entre 1917 y 1922 para completar la iluminación de la costa norte como complemento de los faros de Cavalleria y Punta Nati. Su torre de 28 metros de altura fue la primera íntegramente de hormigón de las islas Baleares. Pintada en blanco con una banda negra helicoidal, contrasta con el paisaje de rocas negras y aspecto casi lunar que la rodea. Se encuentra situado dentro del territorio del Parc Natural de S’Albufera des Grau y, desde el Camí de Cavalls, se accede resiguiendo la carretera de Favàritx durante unos 850 metros.

Far de Favàritx.
Far de Favàritx (Foto: Joan Febrer).

Far de Cavalleria

La costa norte de Menorca había sufrido más de 700 naufragios desde el siglo XIV antes de que se construyese este faro, en la punta más al norte de la isla, en 1857. Los peligros no se eliminaron y tampoco se evitaron los naufragios completamente, pero significó el principio de la solución. Su modesta torre blanca de quince metros de altura se eleva a casi cien metros sobre el nivel del mar gracias a su estratégica ubicación, sobre un prominente acantilado.

El recinto, que incluye un centro de interpretación, está abierto al público de mayo a octubre. El Camí de Cavalls no pasa por la punta del Cap de Cavalleria y para acceder hasta allí hay que recorrer unos 2,6 kilómetros por carretera desde la zona del Port de Sanitja y la ciudad romana de Sanicera.

Far de Cavalleria (Foto: Isaac Fernández).
Far de Cavalleria (Foto: Isaac Fernández).

Farola de Punta Nati

Si la zona del Far de Favàritx evoca un paisaje lunar, el entorno de la Farola de Punta Nati transporta a un desolado paisaje marciano. Este territorio adusto e inhumano de la Menorca seca, dominado por las versiones más salvajes de la roca, el viento y el agua, tiene una belleza especial. En esta zona, la mano del hombre solo se adivina en la piedra seca de las paredes y las ocasionales barracas, así como en el recinto de este faro construido en el borde de un acantilado.

La torre hexagonal de la Farola de Punta Nati tiene diecinueve metros de altura y está construida mediante técnicas de mampostería. Sus orígenes están íntimamente relacionados con el trágico naufragio del vapor francés Général Chanzy, que se estrelló contra esta costa en 1910, provocando 156 muertos y un único superviviente. El gobierno francés presionó para que se construyera rápidamente este faro, que fue operativo ya en 1913. Es bien visible desde el Camí de Cavalls, que cruza su carretera de acceso a unos escasos 600 metros de distancia.

Farola de Punta Nati (Foto: Jordi Saragossa).
Farola de Punta Nati (Foto: Jordi Saragossa).

Farola d’Artrutx

El Camí de Cavalls pasa justo por delante de este faro, que ocupa la punta suroccidental de la isla. Está situado en un entorno urbanizado, en un espacio ganado a las afiladas piedras grises tan frecuentes en esta parte de Menorca y que rodean completamente su recinto, donde hay un restaurante. Su terraza invita a disfrutar del atardecer, al abrigo de su torre de 34 metros de altura pintada a bandas blancas y negras.

Originalmente, la torre era la mitad de alta cuando se construyó en 1859 y sufría los temblores atribuidos a una cueva submarina próxima, que llegaron a provocar incluso algún cristal roto. Su altura se dobló en una reforma y modernización llevada a cabo 110 años más tarde, en 1969. Para reforzar su consistencia, también se añadieron los característicos contrafuertes que tiene por el lado de fuera. Un episodio curioso de su historia hace referencia a unos presos fugados por la zona en 1860, en cuya captura el subgobernador de Menorca pidió a los torreros de este faro que colaborasen. Estos contestaron que no les era posible hacerlo, pues todavía no habían recibido el armamento que les correspondía según el reglamento.

Farola d'Artrutx (Foto: Oriol Batista).
Farola d’Artrutx (Foto: Oriol Batista).

Far de l’Illa de l’Aire

Estrictamente hablando, este faro no se encuentra en suelo menorquín, sino que se alza en la Illa de l’Aire, un islote deshabitado separado de Punta Prima por aproximadamente un kilómetro de mar. Se aprecia perfectamente desde el Camí de Cavalls, a su paso por esta urbanización del extremo suroriental de Menorca.

Su torre de 38 metros de altura, pintada con bandas blancas y negras, fue la más alta de todos los faros de Baleares durante más de un siglo, entre 1860 y 1977. La mareante escalera de caracol de su interior cuenta con 165 escalones. La Illa de l’Aire y su relieve absolutamente llano y rocoso son el mejor hábitat para la lagartija balear y varias especies vegetales especialmente adaptadas. Solamente se puede acceder con una embarcación.

Far de l'Illa de l'Aire al fons, des del Racó des Coll Curt (Foto: Jordi Saragossa).
Far de l’Illa de l’Aire al fondo, desde las proximidades de la Torre d’Alcalfar (Foto: Jordi Saragossa).

Sa Farola

Llamado también el faro de Ciutadella, se encuentra situado a pie del Camí de Cavalls e ilumina la entrada al histórico puerto natural de la ciudad desde su bocana norte, encarado al Castell de Sant Nicolau, en la bocana sur. Su modesta torre, blanca con franjas verticales negras, mide solo trece metros de altura y fue construida en 1863. Más tarde, se le añadió un muro que protege todo el recinto de los frecuentes embates del mar, que lo inundaron repetidamente. Su entorno está urbanizado y la calle cuenta con un agradable paseo que permite llegar cómodamente hasta Cala en Blanes.

Sa Farola de Ciutadella (Foto: Joan Martínez).
Sa Farola de Ciutadella (Foto: Joan Martínez).